Granca, gran roca emergente en pleno Atlántico, azotada por fuertes vientos y bañada por aguas bravas a merced de éstos. La climatología, es sin duda, el principal condicionante sobre la pesca canaria, y eso lo saben bien nuestros amigos canariones, quienes nos advirtieron sobre los cambios repentinos de tiempo, que podían fastidiar el mar y hacer imposible la navegación. Así pues, sabíamos a lo que íbamos, condicionados por nuestras responsabilidades laborales nos vimos obligados a comprar los billetes con mucha antelación, con el riesgo que conlleva no tener una previsión de la meteo precisa y certera. Hasta dos días antes no pudimos confiar en las previsiones, que nuestro amigo y anfitrión Ángel Hernández sabe interpretar como el mejor de los meteorólogos; años de experiencia le avalan. Esas previsiones, unidas a la poca pesca durante el último mes, nos advertían que los peces iban a ser difíciles de conseguir, sin embargo llegó el día y los billetes ya estaban comprados, así que emprendimos un duro viaje sin tregua ni descanso, a merced de un mar agresivo y adverso, que conllevaría una pesca a su vez igual de agresiva y enérgica.

Sin los esfuerzos de nuestros anfitriones, quienes nos llevaron a sus mejores pesqueros, unido a nuestro tesón e insitencia, se podría decir que no hubieramos capturado nada. Se hizo más de lo que se pudo, no pudimos descubrir ninguna meca del light jigging, si bien veo unas posibilidades enormes en el spinning isleño, la pesca del black-bass y el deep jigging.

He de confesar, que de principio al final me sentí como en casa, y tanto Rafa, como Jose, como los dos Ángeles, se comportaron como si nos conociesen de toda la vida. Ángel además hizo de patrón y nos ofreció su apartamento a pie de acantilado con todas las comodidades que ello conlleva. En todo momento tuvimos un guía que nos acompañaba, se combinaban horarios para estar allí con nosotros. La pesca no dió más de sí, pero claro está que fué el mal tiempo el que se cruzó en nuestro viaje para dejarnos pocas horas de pesca efectiva, tan claro como que tanto pescadores como anfitriones hicimos todo lo que pudimos. Eso sólo me deja algo bien claro: volveremos, pero la próxima vez, con dos días de antelación para conocer con seguridad la climatología. Me gustó el deep jigging y el spinning ortodoxo que allí practican, que unido a la presencia de tantas especies ausentes en aguas mediterráneas me parece extremadamente tentador y me obliga a volver.
Me quedo con la hospitalidad recibida y la realidad de una isla que padece sobre explotación pesquera y cuyos peces se han visto influenciados por el cambio climático.¿Les suena? A mi sí, nos sucede lo mismo en el resto de costas españolas. En nuestras manos está evitarlo.