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lunes, 7 de junio de 2010

Atunes a spinning: pelagic fever

"La primavera, la sangre altera"



Otro año más, los atunes nos deleitaron con sus espectaculares combates, cargados al máximo de adrenalina, potencia y fuerza desbocada, que convierten al atún en el pez deportivo por excelencia, la prueba de fuego para cualquier spinner amante de las sensaciones fuertes. Su paso anual se está convirtiendo en la gran cita esperada, y ya casi podemos hablar del atún rojo como uno de los peces referentes de nuestra realidad pesquera.


En los últimos años, cada primavera se acercan a la costa para alimentarse de las grandes masas de medusas, krill y cupleidos. El presente 2010 no iba a ser menos y allí estuvimos, de nuevo, para disfrutar al máximo de su pesca, que despierta en nosotros gran pasión, admiración y respeto. Sin lugar a dudas, se trata de la mejor oportunidad que tenemos para disfrutar de la pesca extrema, sin necesidad de coger un avión y viajar al Trópico.





Atunes en superficie, ¡cómo no!

Todos los atunes fueron capturados como marcan los cánones y como más nos gusta: a spinning con señuelos de superficie. De los ataques, qué decir, fueron sencillamente espectaculares. Explosiones de unos dos metros de diámetro, con salpicaduras que se elevan otro tanto, como si un sofá acabase de caer al agua procedente del cielo. La palabra para describirlo es: brutal. Las carreras de estos peces son increíbles, no hay pez que ponga los equipos en tal tesitura límite de principio a fin del combate.



Ir tras ellos y conseguir lanzarles ha sido nuestro gran handicap, puesto que la mayoría de molas eran pequeñas y asustadizas, con apenas una decena de ejemplares. Sin embargo, se trataba de peces de cierta entidad. La poca cantidad de picadas, resultó compensada por el tamaño de las capturas. Está claro que a más peces en una pajarera, más probabilidades tenemos de clavar uno, mientras que en una mola de tres o cuatro atunes es realmente difícil lograrlo. No olvidemos que estamos hablando de un pez con una desarrollada visión, que en días de agua calmada y limpia como los que hemos salido, nos lo ha puesto aún más difícil. Es por todos sabido que con mar movida los atunes comen de maravilla.



Cada una de estas capturas tiene detrás horas de persecución y muchos lances sin una mísera picada, tal era la dificultad de seguirlos, acercarse y lanzarles dos o tres veces en condiciones. No daban tiempo para más, se hundían y reaparecían bien lejos, y al cabo de un buen rato. El único día que las molas eran algo más grandes fué el primero que los vimos, que precisamente fué el mejor en capturas. Y por supuesto, hubo días de no tener ninguna picada.



Ahora ya están lejos, en su hábitat natural, el azul profundo de la zona pelágica. Si queremos pescar alguno sin esperar al siguiente año, habrá que plantearse hacer salidas a 15, 20 o 30 millas, con el gasto de combustible que ello conlleva... Habrá que plantearselo. Si no, siempre nos quedará la primavera del 2011, ahí estaremos de nuevo esperándolos.